Lijar y barnizar la madera en casa para que quede perfecta
El lijado y el barnizado son la base de cualquier trabajo en madera. Hacerlos bien marca la diferencia entre un acabado tosco y uno profesional.
Detrás de cualquier trabajo en madera bien acabado, ya sea restaurar un mueble, construir una estantería o renovar una superficie, están siempre dos técnicas fundamentales: el lijado y el barnizado. Son la base que decide si el resultado se ve tosco y aficionado o liso y profesional. Y aunque parezcan simples (frotar lija y dar barniz), tienen su técnica, y hacerlas bien marca toda la diferencia. Dominar estos dos pasos básicos es lo que eleva tus trabajos en madera de chapuza casera a algo de lo que presumir. Vamos a verlos en detalle.
Lijar en el sentido de la veta
La regla de oro del lijado es lijar siempre en el sentido de la veta de la madera, nunca a contraveta ni en círculos a lo loco. Lijar en contra de la veta deja arañazos que en la madera desnuda quizá no se aprecian, pero que saltan a la vista en cuanto aplicas el barniz, arruinando el acabado. Siguiendo la dirección de la veta, en cambio, el lijado deja la superficie suave y uniforme. Es un detalle que diferencia inmediatamente al que sabe del que no. Ten paciencia y respeta siempre la dirección de la fibra de la madera; tu acabado final te lo agradecerá.
De gruesa a fina, progresivamente
El lijado no se hace con una sola lija, sino pasando progresivamente de grano grueso a grano fino. Se empieza con una lija más gruesa para quitar el acabado viejo, las imperfecciones o desbastar la madera, y se va subiendo a granos cada vez más finos para alisar y dejar la superficie pulida. Saltarse este progresión, ir directo a la fina (que no quita lo basto) o quedarse en la gruesa (que deja rayado), da malos resultados. Respeta los pasos de grano, limpiando el polvo entre uno y otro. Esa progresión ordenada es lo que consigue una madera tersa, lista para un barnizado perfecto.
Lija siempre en el sentido de la veta y sube de grano grueso a fino sin saltarte pasos. El barniz solo es tan bueno como el lijado que hay debajo.
Barnizar en capas finas
Con la madera bien lijada y el polvo retirado, llega el barnizado. El secreto, de nuevo, es la paciencia: varias manos finas mejor que una gruesa. Una capa de barniz demasiado cargada chorrea, hace burbujas y queda irregular; varias manos finas dan un acabado liso, uniforme y resistente. Aplica el barniz con una brocha de calidad o según el producto, en el sentido de la veta, sin sobrecargar. Deja secar bien cada mano el tiempo que indique el bote antes de la siguiente. Trabaja en un sitio sin polvo, porque cualquier mota se quedará pegada en el barniz fresco y estropeará la superficie.
El truco del lijado entre manos
Aquí está el detalle que distingue un acabado de ebanista: lijar muy suavemente entre las manos de barniz, con una lija de grano muy fino. Tras secar cada mano, un lijado ligerísimo elimina las pequeñas asperezas e imperfecciones que deja el barniz al secar y prepara la superficie para que la siguiente mano agarre mejor y quede aún más lisa. Limpia el polvo y aplica la siguiente. Repetir este ciclo de barnizar, dejar secar y lijar suave entre manos es lo que consigue ese acabado liso como un cristal que parece imposible de lograr en casa. Pura paciencia recompensada.
La base de todo
Lijar y barnizar bien son las habilidades base sobre las que se construye cualquier buen trabajo en madera. Lija siempre en el sentido de la veta, sube de grano grueso a fino sin saltarte pasos, barniza en varias manos finas y, el toque maestro, lija suave entre manos para un acabado de cristal. Domina estas dos técnicas y notarás cómo todos tus proyectos en madera, desde restaurar hasta construir, suben de nivel de golpe. No son pasos glamurosos ni rápidos, pero son exactamente los que separan una chapuza de un trabajo del que presumir.
3 comentarios
Lijar siempre en el sentido de la veta y no a lo loco es lo que mas mejoro mis acabados. A contraveta dejaba rayas que despues con el barniz cantaban.
Lo de pasar de lija gruesa a fina progresivamente es clave. Si vas directo a la fina no quitas lo viejo, y si te quedas en la gruesa queda rayado.
Varias manos finas de barniz lijando entre ellas con lija muy fina deja la madera como un cristal. Paciencia, pero el resultado es de ebanista.